Hace muchos, muchos años, en una casa de uno de esos pueblos austeros de Castilla, debajo del tejado había un desván mágico, lleno de polvo, muebles y trastos al que se accedía por unas oscuras escaleras.
Allí te podías esconder y vivir mil aventuras imaginarias. Dependiendo de lo que hubieras encontrado ese día: un baúl con uniformes y correajes, o vestidos de novia y chaqués de antiguas bodas, lámparas de Aladino o no, caballos y muñecas de cartón, juguetes ya olvidados…
Esto quiere ser algo así. No ya para guardar cosas y vivir aventuras imaginarias después -uno ya no tiene edad para eso…- sino para compartir esas ideas o cosas que vamos encontrando, o viviendo, que nos divierten o parecen interesantes.
Y pasar el rato, que son dos días…